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Dalia Gutmann: “Los comediantes mostramos la vida imperfecta”

Soy una comediante”, se autodefine Dalia Gutmann y uno sospecha que, antes que una profesión, lo dice como un estado de ánimo o una postura frente a la vida. Se puede ser comediante y hacer stand up, pero también escribir, actuar, llevar un podcast y tantos otros etcéteras.

Hay, en todos esos diferentes perfiles, una característica que se repite: la búsqueda de un diálogo. Si bien en cada uno hay la propuesta natural sería la del monólogo, Gutmann plantea una búsqueda —o una necesidad— para que se convierta en un diálogo. De hecho, su libro más reciente, Tengo algo para decir, es, como ella ha dicho, “un compilado sobre conversaciones que tengo conmigo misma”.

Dalia Gutmann pasó como invitada por Experiencia Leamos, el ciclo que la plataforma Leamos.com organiza como beneficio exclusivo para sus suscriptores, y, durante casi una hora, habló con Patricio Zunini de sus obsesiones y su recorrido profesional. Publicamos aquí algunos fragmentos del encuentro."Tengo algo para decir", de Dalia Gutmann (Crédito: Santiago Saferstein) «Tengo algo para decir», de Dalia Gutmann (Crédito: Santiago Saferstein)

Alguna vez dijiste que te fuiste del noticiero porque la realidad te afectaba demasiado. ¿No te afecta la comedia?

—Me gusta la vida atravesada por la metáfora, por la parte artística. El noticiero es muy en carne viva. No era para el noticiero. La comedia me deja ser yo. Y la comedia siempre surge del sufrimiento.

¿Por qué?

—Todos los comediantes tenemos una cosa muy sufrida a la que le logramos dar la vuelta.

Un género del stand up —por supuesto que no es el único— es el de jugar a ser loser. ¿Por qué es tan pregnante y seductora la figura del perdedor?

—Muchas veces me dicen en las redes “Me cansó tu personaje de loser”. Pero yo no estoy de acuerdo: yo no soy ninguna loser ni me considero loser. Sí me considero humana. Uno está tan acostumbrado a ver gente muy aspiracional, que no muestra su vulnerabilidad y todo el tiempo quiere mostrar vidas perfectas. Los comediantes mostramos la vida imperfecta, tal como es. Eso a veces se traduce como loser. ¡No! Te estoy mostrando algo que nos pasa a todos, pero mientras todos lo disimulan, nosotros nos exponemos. Obviamente a la persona que le va recontra bien y es muy feliz y tiene una vida de revista “Hola” tiene menos herramientas para hacer humor. Pero no es una cuestión de ser loser sino de ser más verdadero y aceptarse como uno es.https://tpc.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

¿Qué cambió de la autora de Entregada al ridículo a la de Tengo algo para decir?

Entregada al ridículo lo escribí en 2010, hace diez años. Me ocupé de ser graciosa. Era el libro de una comediante. No mostré ninguna oscuridad, ningún lado mío que me exponga demasiado. En Tengo algo para decir me expongo más. Cuento historias mías que tal vez no son ni muy graciosas ni muy alegres, aunque el humor está dando vueltas porque no me gustan los golpes bajos y rompo la emotividad con un chiste. Pero me atrevo a mostrar otros costados que quizás en el teatro o en la tele no muestro. Aparte, en uno era una treintañera y en otro una cuarentona y es clara la diferencia.Dalia Gutmann en "Cosa de minas" Dalia Gutmann en «Cosa de minas»

En un capítulo de tu podcast “Tengo algo para decir”, que tiene el mismo título que el libro, decís que quien es divertido en un asado no necesariamente es divertido en un stand up. ¿Cómo te das cuenta de que podés hacer stand up?

—El que hace stand up tiene que tener una capacidad de frustración enorme, porque hacés mucho sapo, sobre todo, en los primeros años. Recuerdo funciones en las que no se río nadie desde que subí al escenario hasta que bajé. Tenés que la capacidad de reponerte y volver a actuar y a intentar. Es muy tensionante cuando alguien quiere ser gracioso y no lo es. Me causa mucha gracia cuando la gente subestima el stand up y dice que cualquiera puede hacerlo. El stand up, cuando está bien hecho, te da la sensación de que cualquiera lo puede hacer. El tema es cuando está mal hecho. Todos los que hacemos stand up sabemos que profesionalmente es un trabajo en serio.

¿Cómo se puede hacer humor sin caer en la discriminación o en la violencia? ¿Cómo se reconoce el límite del humor?

—Hay un montón de cosas con las que no haría humor. Hago bastante humor conmigo, pero hay dolores de otras personas con las que no haría humor. Las humoristas mujeres en la Argentina tenemos comunicación y muchas veces charlamos porque una hace un chiste y la salen a matar. Lo peor que podés decir es: “No hago más chistes así no me rompen las bolas”. Eso no puede pasar. Hay que saber que cuando hacés humor siempre hay gente a la que no le va a gustar y le va a molestar. Siempre hay alguien que te va a criticar. Y está bien, hay que aceptarlo o dedicarse a otra cosa. Te puede llegar a angustiar, sobre todo si te agarra un día medio vulnerable, pero yo sé como humorista que siempre va a haber alguien a quien no le va a gustar lo que hago.

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