Leamos de la vida

Gutman y Lubochiner: “Lo que no es negociable con un hijo adolescente no es negociable con nadie”

Si de adolescentes se trata, la pareja de psicólogos Silvio Gutman y Betina Lubochiner conocen más que nadie como surfear los desafíos que se imponen a los padres. Ambos son directores del Instituto del Vínculo, entidad que se ocupa de la formación y la orientación a padres y docentes para mejorar los canales de comunicación con los jóvenes. La asociación sin fines de lucro trabaja a través de talleres de formación, ponencias, dinámicas grupales, eventos de participación comunitaria y con el juego como herramienta de cambio. Juntos han publicado Peleamos o negociamos: una propuesta diferente para vincularnos con nuestros hijos adolescentes, contenido exclusivo de la plataforma Leamos.com.

En una entrevista a cargo de Carolina Balbiani en el marco del ciclo Experiencia Leamos, hablaron de la convivencia en cuarentena y de los miedos más comunes de los padres con sus hijos. “La cuarentena no hizo más que mostrar lo que ya había”, explicó Gutman, si en una familia siempre hubo una relación de ida y vuelta, de comunicación y de compromiso de todas las partes, posiblemente este escenario se haya repetido. De todas formas, los conflictos, para Lubochiner, se acrecentaron: “Ahora estamos 24/7 con los problemas que estaban antes, pero con menos herramientas”. Las consultas, en consecuencia, han aumentado.

“Tenemos una postura pro adolescente”, explicó la psicóloga. Consideran que los cambios tienen que venir del lado de los papás, las mamás o del adulto que esté al cuidado. Luego de años de escuchar ambas partes, entendieron que el cambio que es capaz de hacer un adulto repercute y es proporcional al cambio de un adolescente."Peleamos o negociamos", de Silvio Gutman y Betina Lubochiner (IndieLibros)«Peleamos o negociamos», de Silvio Gutman y Betina Lubochiner (IndieLibros)

Las drogas, las malas compañías, las fiestas, las bebidas siempre existirán y coexistirán con ellos. “El tema”, dijo Gutman, “es lo que antes hubo en casa”. Los padres crían a sus hijos con una determinada cantidad de valores que fueron absorbidos por ellos a lo largo de la vida. Durante, aproximadamente 15 años, fueron absorbiendo todas las normas, los hábitos, el estilo de amor, de cuidar y de cuidarse, por lo que “no nos queda otra que confiar en eso que pudimos brindarles a lo largo del tiempo”. La preocupación seguirá, claro está, y la repetición de los cuidados también, pero el temor, al final del día, es de los padres y no de los adolescentes. La confianza, agregó Lubochiner, debe ser mutua.

Para Gutman, “lo que no es negociable con un hijo adolescente no es negociable con nadie”. En la medida en que a un padre no le afecte las decisiones de su hijo, todo lo demás es conversable. Como en cualquier otra relación, hay cosas que se permiten y otras que no: “pueden estar enojados, molestos, pero no está permitido que traten mal o que falten el respeto, porque el padre o la madre tampoco lo hace”. ¿Y si las decisiones que ellos toman les afectan a ellos? Para Gutman, ahí hay un gran problema “porque yo puedo influenciar, dar mi opinión, sugerir, pero lo que no puedo hacer es prohibir o castigar, ya que no sirve para nada”. Aquello que quieran hacer, lo van a hacer igual y con la prohibición no solo lo van a hacer sino que lo van a ocultar. “Tenemos que modificar la forma de castigar o de prohibir, porque así no resulta un aprendizaje”, explicó Gutman. El aprendizaje, resulta cuando es vivida de la propia experiencia, los adolescentes pueden saber qué es lo que le molesta o lo que no le gusta al padre, –y es necesario que lo sepan–, pero “al final del día, la decisión es de ellos”.

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