Leamos filosofía

Darío Sztajnszrajber: “Me preocupa que la pandemia termine y el confinamiento continúe en términos simbólicos”

El filósofo participó del ciclo Leamos Filosofía, donde habló del coronavirus, la cuarentena y los obstáculos que trajeron a la vida cotidiana

Darío Sztajnszrajber es filósofo, ensayista y docente de todos los niveles educativos. Colaborador en medios gráficos y columnista y conductor de diversos programas de TV y radio, difunde la filosofía de manera accesible para todo público. En el 2017 fue premiado por la Fundación Konez en la disciplina de Divulgación, y su programa “Mentira la verdad” de Canal Encuentro, fue nominado tres veces a los premios Emmy. Algunos de sus libros son Para qué sirve la filosofíaFilosofía en 11 frases y Filosofía a martillazos.

Esta semana, Sztajnszrajber participó en una entrevista a cargo de Ezequiel Martínez en el marco de Experiencia Leamos, donde habló de los nuevos desafíos que impuso el aislamiento social, preventivo y obligatorio. En la cuarentena, señaló, se nos desencajó lo que teníamos normalizado como tiempo cotidiano y se desarmaron los parámetros acostumbrados. “El tiempo está fuera de quicio”, dijo Hamlet al encontrarse con el fantasma de su padre muerto, y Sztajnszrajber se preguntó hasta qué punto no ha sucedido lo mismo en estos últimos cuatro meses.

¿El tiempo desquiciado nos ha vuelto fantasmas? El fantasma, explicó, es la distensión de un binario, entre la vida y la muerte. Y en el confinamiento, son los binarios cotidianos los que se empezaron a desquiciar, como lo productivo y lo improductivo, el afuera y el adentro. Asola una vida de fantasmas, que, a la vez, nos permite mover en ciertos lugares fijos.

"Filosofía a martillazos", de Darío Sztajnszrajber (Ed. Paidós)«Filosofía a martillazos», de Darío Sztajnszrajber (Ed. Paidós)

En términos sociales vamos a salir peores de la cuarentena, dijo Sztajnszrajber. Esto se debe a que en la sociedad se habría estado impregnando una especie de híperconfinamiento, ya no solo por la cuarentena institucional, sino por una cuestión más neo individualista, donde cada vez hay más distanciamiento con el otro. “Me preocupa mucho que la pandemia termine y el confinamiento continúe en términos simbólicos”, dijo. Hoy, el otro está puesto en el lugar en el que los sectores más conservadores siempre lo han puesto, como una especie de agente de contagio permanente, independientemente de que contagie o no contagie. El otro, para los que siempre negaron la otredad, fue contagio inminente, bacteria. “Al otro se lo fumigó”. Y, si bien está claro que el otro puede contagiar, para el filósofo es difícil que se vuelva de la figura del contagio y del tapabocas, “que es la nueva frontera”.

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