Leamos con Luis Novaresio

Gabriel Rolón y una encendida defensa del psicoanálisis

En el tercer encuentro del ciclo “Siempre hay un porqué”, espacio que Luis Novaresio definió como “una experiencia para encontrarnos a charlar sobre los distintos por qué que nos acompañan a lo largo de la vida”, el periodista conversó con el psicoanalista, escritor, músico y actor, Gabriel Rolón. La charla, realizada en el marco de “Experiencia Leamos”, fue una encendida defensa del psicoanálisis.

Cuando empezamos el ciclo, el Negro Dolina dijo que no le gustaba que el encuentro ronde la idea del “por qué” y que prefería el “para qué” por considerar al primero como algo cristalizante y exigente de respuesta. Me dejó pensando. ¿El por qué es condenatorio, o, por el contrario, es motivador?

—Yo soy más amigo del por qué que del para qué. En el para qué hay una cierta mirada utilitarista, típica de las épocas en las que vivimos. El para qué, diría yo, es capitalista. Es creer que la felicidad o la nobleza tienen que ver con la conveniencia. “¿Para qué lo vas a hacer?”: como si de todo se tuviera que obtener una ganancia. Me gusta el por qué porque es la pregunta analítica. Con el paciente, yo siempre busco por qué hace lo que hace, no para qué. El por qué responde al motivo detrás de nuestras decisiones, dichos y actitudes. El para qué, en todo caso, tomará el camino del deseo o el síntoma de cada uno, según haya sanado o no.

Gabriel RolónGabriel Rolón

¿Un por qué puede llevar a un síntoma o a un deseo?

—Justamente el por qué es el motivo de hacer cierta cosa. Si uno ha recorrido el camino analítico de esos por qué, si ha podido deshilvanar la madeja enmarañada de mandatos, miedos, ideales rotos, si ha podido ahondar en esos por qué, se abre el espacio del deseo personal, del reconocimiento del verdadero ser. Uno es allí donde desea. Por eso es que, por lo general, ninguno de nosotros es quien es de verdad es, porque somos aquello que tiene su deseo oculto, enmarañado, a veces amurallado por deseos ajenos, por ideales, lo que creemos que deberíamos y no por lo que en realidad deseamos. Entonces, quien cuestiona sus por qué abre la puerta del deseo. Aquel que no lo hace, se condena al camino de los síntomas.

Luis NovaresioLuis Novaresio

¿Cuánto puede reconvertir uno aquellos mandatos que se volvieron tóxicos?

—Depende la valentía que tengas como para analizarte o no. Yo no quiero ser un fundamentalista del psicoanálisis, pero no hay otra manera de reconvertirse. Nadie puede saltar por encima de sus propias rodillas. Nadie puede escuchar su propio inconsciente, si no que hay alguien que lo escucha por nosotros, que nos dice “¿Escuchó lo que dijo?”, “¿Por qué hizo esto?”. Algunos piensan que al psicólogo van los débiles, los que no pueden solos. Pero al psicólogo van los valientes. Para ir al psicólogo primero hay que asumir que estás sufriendo, que la vida se te está poniendo difícil y que necesitás ayuda. Eso es un acto de valentía. Y si encima elegís el psicoanálisis, ¿sabes qué te van a decir? Que te invitan a recorrer un camino muy difícil en el que vas a sufrir mucho, y vos tenés que decir que sí. Es decir que, aquellos que tienen la valentía de recorrer este camino, empiezan a transitar el mundo de sus frustraciones de un modo diferente. Empiezan a aceptar eso que los psicoanalistas llamamos “asumir la castración”. El psicoanálisis propone dos cosas: asumir la castración y legalizar el inconsciente. Que alguien entienda que todo no lo puede, que las cosas no siempre le van salir bien y llegar a que admita que a veces hace cosas que no sabe por qué las hace, que hay algo en él que desea cosas que él no sabe que desea. Que todos somos una gran ambivalencia.

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