Leamos con autores

Leonardo Padura: El gran cronista de Cuba

El gran escritor cubano, que recibió el premio Princesa de Asturias y es candidato al Nobel de Literatura, habló desde La Habana para Experiencia Leamos, el ciclo de entrevistas que organiza la plataforma Leamos.com como beneficio exclusivo para sus suscriptores.

Cronista impar de su tiempo, Leonardo Padura es uno de los escritores más destacados de la lengua española. Para algunos, se hizo conocido con la grandiosa novela El hombre que amaba a los perros, que cuenta los últimos tiempos de León Trotski; para otros con la infinita saga de policiales protagonizados por Mario Conde. Autor, además, de volúmenes de crónicas como El viaje más largo del mundo y Agua por todas partes, en todos sus libros se cruza el oficio de periodista, el retrato social, la incertidumbre ante las contradicciones políticas, una dialéctica sin concesiones entre el presente y la historia, una profunda reflexión sobre Cuba, sus encantos y derroteros. En definitiva, la pregunta de Padura es siempre una pregunta por la identidad.

Ganador del Premio Nacional de Literatura de Cuba y del Princesa de Asturias, desde hace varios años su nombre aparece entre los candidatos al Nobel de Literatura. Esta semana, y gracias a las gestiones de la Embajada de México en La Habana, que le cedió un espacio para aprovechar la conexión a internet, Leonardo Padura participó en una charla abierta por teleconferencia realizada en el marco de Experiencia Leamos.

A la espera de su próxima novela, que, con el título Como polvo en el viento —un guiño a la clásica canción del grupo Kansas—, saldrá en septiembre, Padura habló de su oficio, de la actualidad cubana, de la coyuntura de la pandemia del Coronavirus y de lo que esta inesperada experiencia puede enseñarnos sobre la vida y la literatura. Publicamos aquí una parte del encuentro.

"La transparencia del tiempo" es, hasta ahora, la última novela de la saga de Leonardo Padura protagonizada por Mario Conde «La transparencia del tiempo» es, hasta ahora, la última novela de la saga de Leonardo Padura protagonizada por Mario Conde

Tu nombre es Leonardo de la Caridad Padura: ¿cuánto de caridad tiene un escritor con sus personajes, con la novela, con sus lectores?https://tpc.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

—Mis padres siempre fueron devotos de la Virgen de la Caridad del Cobre, que es la patrona de Cuba, y de ahí viene mi nombre; de niño me trajo algunos problemas. Con respecto a la creación literaria, cuando el escritor crea sus personajes, está tratando de entenderse a sí mismo en una determinada circunstancia. Mario Conde tiene muchas reacciones que serían mías. Con personajes históricos, como Trotski y Ramón Mercader, uno tiene que tratar de ponerse en el lugar de esas personas. Acercarse y conocerlas. Tener la capacidad de pensar las posibles respuestas que puedan haber dado. Con un tipo como Mario Conde, yo tengo toda la caridad del mundo. Con un personaje como Ramón Mercader es más complicado.

Hace unos días, le hicimos una entrevista a Rosa Montero y ella, hablando de su personaje Bruna Husky, dijo que la ciencia ficción es una metáfora para narrar el presente. ¿El policial también?

—La literatura es una representación de la realidad manipulada desde una perspectiva estética. Acabo de preparar unas conferencias que voy a dar sobre historia y novela: la historia es un espejo para reflejar y entender mejor el presente, mientras que la novela policíaca permite, desde el presente, bajar a las bases de la sociedad. La novela policíaca te conecta inmediatamente con el lado oscuro de la realidad. Te sirve para hacer una radiografía de esa realidad, de esa circunstancia, de esa sociedad desde el punto de vista de ese hecho delictivo. En mis novelas policiales he pretendido hacer una crónica de la vida en la Cuba contemporánea.

Hay una mirada periodística sobre Cuba en El viaje más largo, un libro que salió hace cuarenta años y también en Agua por todas partes, que es más reciente. ¿Qué permanece y qué cambió en este tiempo?

—Si te digo todo lo que ha cambiado, la hora no nos va a alcanzar. Como no ha habido un cambio en el sistema político, se tiene la percepción de que nada ha cambiado. Sin embargo, la sociedad se ha transformado. Este diálogo que estamos haciendo tu y yo hoy, ahora, no era imaginable en el mundo en los años 80, pero en Cuba era imposible hace 7 u 8 años porque el acceso de los cubanos a la red era muy limitado. Hasta hace un tiempo, no estaba permitido tener un teléfono móvil. Han cambiado muchísimas cosas. Sobre todo, a partir del Período Especial, ese momento en que desaparece el socialismo en Europa del Este y se desintegra la Unión Soviética. Ahí entramos en un momento de una crisis económica profundísima y la sociedad cubana empezó a tener una serie de transformaciones. Se permitieron los pequeños negocios particulares, se legalizó el uso del dólar. En los últimos diez o doce años, entre los cambios muy importantes, uno fundamental fue el aumento de acceso a la red de los cubanos. Y el otro fue la posibilidad de viajar libremente. Excepto sectores muy específicos, la mayoría de los cubanos puede viajar con libertad si tiene una visa. La generación que creció post Período Especial, ya con la familiaridad de la tecnología y estas posibilidades, tiene una relación completamente distinta con el país.

Leonardo Padura (Crédito: Nicolás Stulberg) Leonardo Padura (Crédito: Nicolás Stulberg)

Tenés la ciudadanía cubana y la española: ¿en qué medida te benefició?

—Ha sido una ventaja práctica. El pasaporte español me permite tener la movilidad para viajar; incluso puedo ir a los Estados Unidos. Pero yo siempre digo que tengo dos ciudadanías pero tengo una sola nacionalidad. No puedo pretender ser otra cosa que un cubano y me satisface mucho porque mi pertenencia es uno de los fundamentos de mi literatura, de mi trabajo, de mi personalidad, de mi espiritualidad. ¿Por qué no podría ser un escritor español? Un escritor tiene un saco del que va extrayendo cosas; ese saco se llama la memoria. Si meto la mano y trato de buscar quién fue el campeón de la liga española de fútbol en el año 71, no encuentro nada. Pero si me preguntan quién fue el campeón del béisbol cubano, saco al equipo que fue el campeón y digo los nueve jugadores regulares y el nombre del director del equipo. Esa memoria es la memoria de la pertenencia, de ser parte de una cultura sin la cual el escritor no tiene la posibilidad de expresarse.

En tu próxima novela, Como polvo en el viento, hay dos cubanos que viven en Buenos Aires y tienen un accidente laboral. Siguiendo con el tema anterior, quería preguntarte por la diáspora, que es casi una idea constitutiva del pueblo cubano.

—Todos los exilios son dramáticos. Está la decisión de una persona de irse a vivir a otro lugar por diferentes razones, por trabajo, por amor. Cuando el exilio se complica con la política empieza a tener otros matices. Los personajes de Como polvo en el viento viven dramáticamente el exilio. Su relación con Cuba es problemática porque, como decía Milan Kundera, nadie se va del sitio en el que es feliz. Y en el caso cubano, hay un elemento de arraigo, de pertenencia, de cercanía, una manera de entender la vida que hace que resulte más desgarradora esta diáspora. En esta novela hay personajes que viven en Hialeah, una ciudad del condado de Miami-Dade, cerca de Miami. Ahí vive una gran comunidad cubana que ha tratado de hacer una reproducción de su vida en Cuba. Ellos casi consideran a Hialeah como un territorio conquistado en el Imperio y mantienen sus peculiaridades culturales, sus maneras de relacionarse, su comida, su religión, su apego a determinadas expresiones. Con un clima muy cercando al de Cuba, porque estamos a unas 90 o 100 millas de distancia, son expresiones de un fuerte sentido de pertenencia que ha hecho mucho más dramática su relación con el exilio.

¿Es cierto que cuesta encontrar tus libros en Cuba? En relación a esto, hay un mito que dice que Fidel Castro se enfureció con tu novela El hombre que amaba a los perros.

—La segunda parte de la pregunta debe ser mítica, no tengo esa información. Conseguir mis libros en Cuba es realmente complicado y lo es, primero, por una razón de material. Las ediciones que se hacen son muy pequeñas porque la industria editorial cubana tiene limitaciones para publicar grandes cantidades de libros, a menos que tengan un interés del Estado para que se promuevan. Las obras literarias son de tres, cuatro, cinco mil ejemplares. Siempre le pido autorización a Tusquets, que son mis editores, para hacer una edición cubana y hasta Herejes se han publicado todas. Falta La transparencia del tiempo, que estaba en planes editoriales, pero ahora, con la pandemia, no sé cuándo saldrá. Presento mis novelas y la sala se llena. Hubo una presentación de El hombre que amaba a los perros en la que llevaron mil ejemplares para la venta y se vendieron los mil ejemplares y yo tuve que firmar 800. En Cuba tengo una cantidad de lectores potenciales mucho mayor que las que se puede satisfacer con las ediciones locales.

"El hombre que amaba a los perros", de Leonardo Padura «El hombre que amaba a los perros», de Leonardo Padura

En una entrevista, Martín Caparrós nos dijo que era más fácil pensar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Yo no creo que estemos ante el fin del mundo, pero es cierto que, con la pandemia, estamos ante un fin de época y el surgimiento de una nueva normalidad. ¿Estamos también ante la posibilidad de que resurjan las utopías del siglo XX?

—Yo creo que las utopías del siglo XX, tal y como se plantearon, no pueden resurgir. Demostraron su imposibilidad de ser viables. Hay un cantautor cubano que se llama Pedro Luis Ferrer, que tiene una canción con un estribillo que dice “Y aquel proyecto bonito precisa financiamiento”. Y las utopías del siglo XX económicamente no funcionaron. Sí creo, como me decía un lector argentino, que no es posible vivir en la utopía pero tampoco vivir sin utopías. Tendremos que refundar algunas utopías. Entre la economía y la salud, lo primero sería la salud, pero no podemos sostener la salud sin economía. Ese proyecto bonito precisa financiamiento. Necesitamos reorganizar el mundo de otra manera. En las 21 lecciones para el siglo XXI, Noah Yuval Harari de alguna manera predecía lo que está pasando. Hay un agotamiento de un sistema que necesita replantearse. De qué manera las utopías sociales nos van a ayudar, no lo sé. No tengo la capacidad para predecirlo, pero sí creo que se demuestra que necesitamos de determinadas utopías.

Hace unos años, después de la muerte de Fidel Castro, te pregunté por el futuro de Cuba y me dijiste: “Es una interrogante”. ¿Sigue siéndolo?

—En estos momentos creo que el futuro del mundo es una gran interrogante. Y el de Cuba, por supuesto, entra en esa interrogación. Recientemente se han propuesto realizar una serie de cambios de carácter económico porque se avecina una crisis global y a Cuba la va a afectar mucho. La gran industria de Cuba es el turismo y ahora lleva cinco meses cerrada al turismo. La situación va a ser muy difícil. Se están pensando cambios en la política económica con una mayor participación del sector privado y de la inversión extranjera. Puede que sea un modelo que se acerque más al vietnamita antes que al chino, porque el modelo chino solo lo pueden aplicar los chinos, con ese país enorme que tienen. Vamos a ver si funciona o no. De todas maneras, sigue siendo una interrogación dentro de las grandes interrogaciones que estamos viviendo en el mundo contemporáneo.

A cuatro años desde la muerte de Fidel y tres desde que Trump asumió la presidencia en Estados Unidos, ¿cómo es la relación entre ambos países?

—En el 2016, con la visita de Obama, ya se habían restablecido relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. En esos días vinieron los Rolling Stones, vino un equipo de béisbol profesional —los Tampa Bay—, Chanel hizo un desfile, se filmó una parte de la serie Rápido y Furioso, vinieron las Kardashian, Rihanna: pasaba todo el mundo por La Habana, y estuvo la ilusión de que era posible tener una relación más normal con los Estados Unidos. Pero llegaron las elecciones y pasó lo que casi nadie esperaba: el triunfo de Trump. En estos momentos, las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, a pesar de que siguen existiendo relaciones diplomáticas, están en el punto más bajo desde la Crisis de los Misiles. En la época de Bush Jr. hubo muchas tensiones, muchas regulaciones, era difícil para los cubanos ir a los Estados Unidos y para los cubanos americanos venir a Cuba, pero había una cierta lógica. Con Trump todo esto se ha multiplicado y ha hecho evidente que el embargo es un bloqueo. Es algo realmente lamentable, porque cuando hubo cercanía y diálogo, los intercambios culturales se multiplicaron, las posibilidades de viajes de negocios, de encuentro, de colaboraciones académicas, incluso institucionales, funcionaron muy bien. Todo eso está en un punto muerto, al punto de que ahora ningún cubano puede obtener un visado para ir a los Estados Unidos.

Loading the player...