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Ivana Costa: Claves para leer la Ilíada y la Odisea

Hace miles de años, Homero, con la Ilíada y la Odisea, sus dos enormes poemas, tan altos como montañas altas, nos enseñó a ver el mundo, a pensarlo, a imaginarlo. Nuestra cosmovisión —la occidental, al menos— surge, entonces, desde la voz de un poeta: la narración épica de una guerra que devastó Troya y la aventura posterior que emprende Ulises, uno de los héroes victoriosos, al volver a casa.

En un encuentro realizado en el marco del ciclo Experiencia Leamos —que la plataforma Leamos.com organiza como beneficio exclusivo para sus suscriptores—, la reconocida académica Ivana Costa, especialista en el pensamiento griego antiguo, habló de los poemas y ofició de guía a través del recorrido por el sueño de Homero.

Publicamos aquí un fragmento.La ilíada

¿El mundo es el invento de un poeta?

—Martin West, que es un filólogo muy importante, escribió un artículo que se llama “La invención de Homero”. Ahí está cifrado todo el problema: cómo entendemos ese de. ¿Ese genitivo es objetivo o subjetivo? ¿Indica que la antigüedad inventó a Homero o que Homero inventó una tradición poética y una mitología y una manera de entender las relaciones afectivas, políticas, etc.? La invención de Homero: ¿es el inventado o es el inventor? West dice que las dos cosas son verdad. Homero es el inventor de la Ilíada y la Odisea, y, en gran medida, Homero es el invento de los sucesores, de los “homéridas”, los cultores de la tradición épica de Homero.

En la novela La hija de Homero, Robert Graves dice que la Ilíada y la Odisea son poemas que reconstruye una princesa siciliana. Como si fueran historias escritas a medias por Homero y una mujer medieval.

—Graves también es otro gran inventor de mitos contemporáneos sobre Grecia. Es una idea genial que, en algún sentido, tiene un antecedente en Richard Bentley, que quiso hacer una edición de los poemas homéricos en el siglo XVIII. Bentley decía que la Ilíada había sido compuesta para los hombres y la Odisea para las mujeres. Lo decía de una manera más elegante, pero básicamente, esa era la idea. De ahí surgió la especulación sobre si la Odisea no había sido realmente escrita por una mujer; hoy eso ya no se sostiene en el ámbito erudito. Pero es cierto que lo que vio Bentley —y que Graves pesca muy bien— es que las mujeres tienen en la Odisea un papel más central que en la Ilíada. Penélope, Nausícaa, Circe, Calipso, Euriclea: uno encuentra mundos femeninos y psicologías femeninas sumamente desplegadas y desarrolladas en la Odisea. No es que no estén en la Ilíada, pero está más contenido.

¿El comienzo de la Ilíada, “Canta, oh diosa…”, era una fórmula común al estilo del “Aquí me pongo a cantar” del Martín Fierro?

—Exacto. Si tuviéramos otras piezas épicas arcaicas enteras de lo que se llamó el ciclo Troyano, seguramente encontraríamos esa frase repetida muchas veces. Los especialistas coinciden con que era una fórmula. Y, de hecho, en una pieza que, desde el punto de vista del género literario no tiene nada que ver con Homero, como son los libros de la historia de Heródoto, él también vuelve a esa idea. Después se distancia de la musa y dice que tiene que contar lo que vio y lo que le contaron. Está en el horizonte de Homero y a la vez se distancia.

Un fragmento de "La Odisea" que fue hallado recientementeUn fragmento de «La Odisea» que fue hallado recientemente

Sócrates estaba en contra de la escritura porque sentía que limitaba el pensamiento; uno lo lee, por supuesto, a través de Platón. Lo traigo a colación por la relación entre oralidad y escritura: ¿en qué momento cambió el signo y los poemas de Homero pasaron a tener más valor escritos que en la tradición oral?

—Es una pregunta interesante que forma parte de lo que llamamos la cuestión homérica. Primero está en saber quién fue Homero, si fue uno o varios o, al menos, dos poetas. En la hipótesis unitarista, el gran defensor fue Wilamowitz, un filólogo polémico con Nietzsche. Justamente la Escuela de Turingia, que se ocupó de las doctrinas no escritas de Platón, estaba dirigida por un homerista que seguía la tesis de Wilamowitz. Frente a esa idea, tenemos a los que dicen, como Pierre Carlier, que es muy difícil que fuera un mismo poeta. Es verdad que hay diferencias estilísticas, pero no son tantas como las diferencias ideológicas, políticas y de costumbres. Esas son, sobre todo, las que marcan una distancia entre la Ilíada y la Odisea. La otra cuestión es cuándo pareció importante ponerlo por escrito. Es algo que sigue estudiándose y discutiéndose. Cuando empecé la facultad era bastante común que se dijera que había sido alrededor del siglo VIII a.C. La corriente más actual dice que es más cercana a nosotros; en el siglo VI a.C.

¿Por qué la necesidad de escribirlos?

—Era un momento de transición entre una cultura oral y una escrita. De hecho, todavía en el siglo IV, Platón es protagonista de esa transición. La escritura es una tecnología que no se impuso con la rapidez con la que se imponen hoy las tecnologías. Había una idea bastante romántica de que lo primero escrito fueron los poemas homéricos; eso está descartado por un montón de hallazgos arqueológicos. Lo más antiguo son, en general, cuentas comerciales. Pero ¿por qué se ponen por escrito? Hay varias hipótesis. No hay que olvidar la excelencia poética, que encantaba a las audiencias. Con esto empezó a crecer la cantidad de rapsodas que iban a cantar a distintos lugares y para ellos era bueno tenerlos por escrito. Otro elemento, es la pedagogía política que traen consigo los poemas. En Esparta, se piensa que Licurgo trae a Homero y lo impone con festividades comunitarias en donde se lo recita. En Atenas fue durante la tiranía de Pisístrato. La hipótesis es que él financia a los que tienen que escribir los 16.000 versos de la Ilíada y los 13.000 de la Odisea, porque está educando con cierta perspectiva. Platón discute la pregnancia moral de lo poemas homéricos; se ve ahí la importancia que tenían en Atenas. Pero, entonces: ¿por qué no hay ningún ateniense? Parecería que fueron los pisistrátidas quienes los borraron para no incluir la saga de Teseo, que eran símbolos contrarios a Pisístrato.

Hablás de Homero y de las contradicciones políticas y siento que hablás de la gauchesca y de la literatura argentina de 1850 en adelante.

—Toda gran saga literaria excepcional como la de Homero introduce una cantidad de elementos valorativos con los cuales se discute. Los poemas se disfrutan, pero también se discuten. A Platón se lo acusa de ser el gran detractor de Homero y no es así. Incluso en La República dice que es el más divino de todos los poetas. Lo que critica es la mitología inventada en la que los dioses se comportan no solo como seres humanos —el dios platónico es antropomórfico— sino que, en algunos casos, son de la peor calaña: engañan, traicionan, su palabra no tiene valor. La divinidad no puede ser eso. Ese es el punto fundamental de Platón, es como una crítica teológica. Decíamos que es una mitología y, en cierta manera, una religión inventada por poetas. Platón no tiene problemas con eso, el problema es qué calidad tienen para que los llamemos dioses. Con los seres humanos es distinto. Incluso hay un interrogante filosófico en la tradición platónica que es interesante. Quién es el verdadero héroe: ¿el Aquiles de la Ilíada o el Ulises de la Odisea? ¿El gran héroe es el fuerte o el que tiene muchos recursos?

La despedida de Héctor y Andrómaca en la pintura de Antoine Coypel. Foto: Archivo DEF.La despedida de Héctor y Andrómaca en la pintura de Antoine Coypel. Foto: Archivo DEF.

En la Odisea hay momentos de mucha comicidad. Pienso en Odiseo cuando se hace llamar “Nadie” y lastima al cíclope y este llama a los amigos y les dice que “Nadie lo hirió”. Es casi un paso de comedia al estilo de los tres chiflados. ¿Por qué son tan distintas en el tono y la Ilíada tiene una épica un poco más trágica y la Odisea es un poco más cómica?

—Eso sostiene la idea contraria a la hipótesis unitarista. Ilion es Troya y la Ilíada significa “lo que pasó en la guerra de Troya”. Es el relato de la cólera de Aquiles y la devastación que produce. Uno tiende a pensar que es la historia de las batallas y encontramos a los grandes héroes como Diomedes hiriendo a Ares y Ajax arrojándose contra los troyanos. Y, sin embargo, en la historiografía, sobre todo en el siglo XX, hay una reflexión cómo la Ilíada habla de la guerra como devastación humana. Walther Kranz fue el primero que introdujo la idea de que la Ilíada era un poema antibélico, Simone Weil también hizo carne esta visión trágica; y el tercer nombre, Conrado Eggers Lan, aquí en la Argentina, volvió sobre la idea de que la Ilíada muestra cuánto la guerra nos destruye a los seres humanos, cuánto se pierde. Y, de hecho, ese final, con Príamo yendo a pedirle a Aquiles que le devuelva el cadáver ultrajado de su hijo es tremendamente conmovedor. No faltan algunos momentos hilarantes también en la Ilíada, pero en la Odisea es otro el clima: terminó la guerra, hay que ir en busca del paraíso perdido, de la casa abandonada veinte años atrás, y hay que ver qué nos vamos a encontrar. Hay más elementos de picardía, incluso en la relación con el trato que se les dispensa a las divinidades. Están las hijas de los dioses. Circe, que convierte en cerdos a los soldados, y es la femme fatale, está Calipso, está lleno de figuras y de momentos hilarantes. Por eso, se hace fuerte la hipótesis de los dos poetas: hay otra visión del mundo.

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