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Erika Halvorsen con Franco Torchia: “En la TV argentina hay una cultura que mutila el goce de la mujer”

Erika Halvorsen asegura que sus inicios en la industria del cine y el teatro se debe a los actores: “mis grandes aliades”. Mientras estudiaba en el conservatorio de dirección, la llamaban para que escribiera escenas, pasajes, forjándola en “la directora de teatro que escribe” -como se refiere a sí misma- que es hoy.

Nacida y criada en la provincia de Santa Cruz, Halvorsen es dramaturga, guionista, novelista y directora de teatro. Tiene una docena de obras de teatro estrenadas y es autora de la primera serie multiplataforma de Argentina: Amanda O. Trabajó durante años en equipos autorales de televisión para productoras como Polka, Cris Morena Group, RGB y Telefé. Sus novelas El Hilo Rojo y Desearás se convirtieron rápidamente en best sellers y fueron adaptadas al cine. WhatsUp mamis, su tercera novela, se encuentra en etapa de desarrollo con la productora mexicana Gato Grande. Además, en 2019 creó Pequeña Victoria, laserie coproducida por MediaPro y Viacom, y en 2020 firmó contrato de First look con MGM para crear y desarrollar contenidos globales.

En el segundo encuentro de Guion bajo, el nuevo ciclo de Experiencia Leamos y la plataforma Leamos.comFranco Torchia conversó con la guionista sobre los desafíos que atravesó -y atraviesa- como escritora.

Erika Halvorsen Erika Halvorsen

¿Qué te sucede al ver la proliferación en Argentina de productos como las novelas turcas, donde todo lo que tenga que ver con el placer femenino está licuado, no aparece?

-En la televisión argentina hay una cultura de pureza y mutilación al goce de la mujer. Me pasó de estar en una reunión de producción de un proyecto y que me dijeran que la palabra “clítoris” era muy fuerte para un programa de las 10 de la noche…Imaginate si ni podes decirlo, nombrarlo, ¡se vuelve todo muy difícil! Y ni hablar de, por ejemplo, las historias de amor entre mujeres. En todas las tiras que escribí me bajaron línea. O me las licuaron, o me decían “que experimente pero que después vuelva con el marido”, o directamente que personajes que estaban pensados desde relaciones lésbicas pasen a ser heterosexuales. No hay lesbianas en la tv y no porque no lo intentemos. Son batallas que no pude ganar, entonces más me empecino, de hecho, ahora que estoy escribiendo para afuera, ¡en todos los proyectos tengo lesbianas! Porque donde me dan libertad yo la exprimo. Pero en nuestro país es muy difícil contar historias de lesbianas.

Ni te cuento si la historia no tiene que ser amorosa, ¿no? Siempre las relaciones aparecen bajo el imaginario del amor, no del deseo puramente sexual…

-¡Eso ni cuando los personajes son heterosexuales! Yo siempre digo, uno primero coje y después quizá, con suerte, muy pocas veces, se enamora. Pero en la ficción eso es imposible. A las protagonistas que tuve siempre les quise meter chongos, amantes, pero me decían que no, que era una actitud “muy masculina”, muy “fálica”…¡Hay todo un tema con el deseo femenino!

¿Creés que es por un tema publicitario, o del orden gerencial…?

-Acá los que deciden son todos varones. Afuera, donde mis interlocutoras son la mayoría mujeres, ni se habla, no hay drama si mi protagonista tiene historias con chongues o no. Por eso me llama tanto la atención que acá se le ponga tanto foco al tema. Incluso, te pongo un ejemplo. En ADDA (Amar después de amar) había una escena que con mi par guionista, Gonzalo Demaría, nos daba mucho orgullo. El personaje de Isabel Macedo descubría que había sido engañada y se enfiestaba con dos chongos de la pesquera. Era una escena de puro placer. Se subían arriba de la mesa de fileteado…¡con Gonzalo nos hicimos un festín! El día que salía al aire nos juntamos a comer sushi para verla y todo, y cuando sale nos quedamos helados: la violaron. A mi personaje. Con Gonzalo no lo podíamos creer. Ya estaba la serie escrita, grabada, todo. Esa noche no pude dormir. Al otro día, cuando llamé para preguntar qué había pasado me dijeron que tenían que cuidar a la heroína. Les dije: “ustedes dicen que cuidar a la heroína es violarla. Y eso es gravísimo”. Hoy, haciendo un repaso pienso cuántas violaciones vimos en una tira vs cuántas vimos a una mujer teniendo un orgasmo, gozando, teniendo sexo por placer…claro: no se nos perdona la calentura.

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