Leamos con Luis Novaresio

Andrés Duprat con Luis Novaresio: “El cine tiene una posibilidad de democratización increíble”

Si bien el título ­de la Universidad de La Plata dice que es arquitecto, desde hace más de quince años, su vida sigue otros planos: los del arte y la gestión cultural. En la actualidad, Andrés Duprat divide su tiempo entre la dirección del Museo Nacional de Bellas Artes y la escritura de guiones de películas. Podrán parecer mundos distintos, pero él asegura que un plano de arquitectura es igual a un guión cinematográfico: “Ambos son guías para llevar a cabo una obra que será reinterpretada por un director”. En ese camino de constante aprendizaje y descubrimiento de sus distintas facetas, publicó los guiones de tres películas que fueron llevados al cine por su hermano Gastón Duprat en dupla con Mariano Cohn: el team creativo de El hombre de al ladoEl artista y El ciudadano ilustre.

En el sexto encuentro del ciclo Siempre hay un porqué, Luis Novaresio conversó con Andrés Duprat sobre los por qué del arte, la arquitectura, y las tensiones entre la alta cultura y la cultura.

Andres Duprat (foto: Lihue Althabe)Andres Duprat (foto: Lihue Althabe)

¿Qué pensás de la pedagogía en el arte?

-Las artes visuales se han abroquelado, se volvieron un territorio aparentemente de expertos, lo que es una locura. El arte es una expresión humana; no hay que ser experto para conectar emotivamente con el lenguaje de una persona expresándose. Hay una especie de perversión donde algunos le explican a otros “la posta” o el mensaje críptico escondido de una obra. Se trata de una proliferación de mediadores, lo que sería inaceptable en otros ámbitos. Imaginate ir al cine y que al finalizar la película un mediador quiera explicarte lo que viste. Sería ofensivo, pero en el arte es habitual. Es habitual tener que leer un texto para “entender” lo que estás viendo. Es perverso, como si una elite tuviese secretos que los demás no manejan, cuando no es así. Obviamente hay niveles de lectura, como dice Bruno Munari: “Uno ve lo que sabe”. Claro que cuando uno más sabe más ve, ¿No? Hay capas de sentido, pero eso no quiere decir que uno esté vedado de esa obra. Hay un espacio imponderable donde la obra la completa el espectador.

¿Esta mirada sirvió para incursionar como guionista cinematográfico?

–Sí. ¡En un momento te dan ganas de agarrar una ametralladora! Te explico por qué. Me fascina este mundo: es loco, raro, dinámico, pero a la vez es frívolo, estúpido, lleno de imposturas. El arte contemporáneo es de una festividad frívola, de «cocktail”, “opening”, feria y diversión que me cansa. Y, en un país pobre te hace muchísimo ruido. Terminás viviendo en Ganímedes. Te preguntás: “¡Qué hago acá si el mundo se cae a pedazos!”. Llegó un momento en el cual me harté y me propuse escribir un ensayo sobre lo que notaba. Lo escribí y critiqué mucho lo endogámico, elitista y cerrado de este mundo, y cuando se lo mostré a León Ferrari nos dimos cuenta que al ensayo sólo lo iban a leer los mismos 200 del circuito ¡Nadie más! Entonces pensé en mi hermano Gastón y en Mariano Cohn, que venían haciendo documentales y televisión abierta, y transformé el ensayo en un guión. Así quedó la película El Artista, que cumplió el objetivo de retratar el mundo del arte como yo lo percibía, además que la vio todo el mundo y ganó premios… El cine es increíble, conocí esa posibilidad de democratización que las artes visuales no tienen, y la experiencia activó que siga escribiendo.

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