Leamos con nuestros hijos

Adela Basch: “La literatura es una puerta de acceso a la facultad de imaginar”

De chica, Adela Basch era una lectora enfervorizada. Tuvo la gran fortuna de crecer con adultos y hermanos que le contaran historias, y aunque ella era pequeña y no comprendía todas las palabras, se quedaba totalmente fascinada con los poemas, su ritmo y musicalidad. Además, la bibliotecaria de la escuela le mostraba los nuevos libros, le hacía recomendaciones: “Me pareció lo más natural del mundo convertirme en lectora. Leer significaba para mí un espacio propio, donde viajaba con la imaginación, conocía otros mundos y abría la cabeza y el corazón”.

Escritora, dramaturga, poeta y traductora, se dedicó a la literatura infantil –en especial, desde el teatro– donde despliega el humor, juegos, rimas, diversión y literatura para los lectores más exigentes: los chicos y chicas. Con una vastísima trayectoria y reconocimientos, fundó Ediciones Abran Cancha, ganó el premio Konex Diploma al Mérito en la categoría de literatura infantil, y el Premio Destacado de ALIJA por la obra de teatro “San Martín, caballero del principio a su fin”. Algunos de sus libros son Belgrano hace banderaJuana, la intrépida capitana¡Que sea la Odisea!, y La sonrisa en la caja.

En una entrevista a cargo de María Belén Marinone realizada en el marco de “Experiencia Leamos”, el ciclo que la plataforma Leamos.com pone a disposición de sus suscriptores, la escritora reflexionó sobre la importancia de la lectura en la vida de los chicos.Nenes leyendoNenes leyendo

Para Basch, al leer uno aprende sobre sí mismo y sobre la vida. “Considero que los seres humanos tenemos más posibilidades de ser felices si leemos”, dijo. Además, cree que en todas las épocas fue difícil que los chicos lean, y que para que esto suceda es casi imprescindible la presencia de uno o más adultos: “leer con ellos, acompañarlos en el proceso –ya sea en la casa o en la escuela– es sumamente necesario para convertirlos en lectores”. Y siempre desde el placer, no desde la obligación o la tarea: “la lectura no como sacrificio, sino desde el disfrute”.

La dificultad de adentrarse se da tanto para los adultos como para los chicos debido a la idea, en parte cultural, de que lo útil es lo redituable: “Muchos se preguntan para qué sirve leer, para qué sirve el placer de la lectura, y es como preguntarse para qué sirve estar enamorado o para qué sirve estremecerse cuando uno mira una noche estrellada”. Es un error, entonces, hacer algo según la utilidad práctica. Los libros pueden ayudar a manejarse mejor por el mundo, “pero eso no eso lo importante”: lo importante de la literatura es que “es una puerta de acceso a la facultad de imaginar”, donde se fertiliza la imaginación para la ciencia, la cocina, “¡y todo lo que se nos ocurra!”.

Ese primer contacto con la literatura, agregó Bash, tiene que venir de la mano del afecto. El adulto no debe leerle al niño con la intención de que quizá así se destacará más en la escuela o tendrá mejores notas que el hijo del vecino. “Si uno lee», dijo, «que sea únicamente desde el cariño”.

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