Leamos clásicos

Cinco claves para leer a Antonio Machado, por Eduardo Mileo.

Quizá los versos más conocidos de Antonio Machado sean aquellos que digan “Caminante no hay camino / se hace camino al andar”. Esto se debe, claro, al hermoso disco en el que Joan Manuel Serrat le puso música a sus “Cantares” y otros poema: Dedicado a Antonio Machado, poeta es el quinto LP de Serrat que salió en 1969 y desafiamos a cualquiera a que ponga el disco y no se ponga a cantar ya desde los primeros compases. El dato del año no es menor: Machado, que murió en el exilio, era homenajeado por Serrat mientras todavía Franco gobernaba en España.

Pero Machado es mucho más que esos versos y esos poemas retomados por Serrat. Machado es uno de los grandes de los poetas de la primera mitad del siglo XX del idioma español, tal vez solo comparable con Rubén Darío y Federico García Lorca —a quien conoció y le dedicó el poema “Crimen”—. Alguna vez le preguntaron a Borges por Antonio Machado y él, malévolamente, dijo “No sabía que Manuel tenía un hermano”. Borges era un gran lector, pero también sabía ser injusto.

A 70 años de su muerte, toda la obra poética de Machado está disponible en la plataforma Leamos.comCampos de castillaNuevas cancionesJuan de MairenaPáginas escogidas, etc.Antonio MachadoAntonio Machado

En un encuentro de Experiencia Leamos —el ciclo que Leamos.com organiza como beneficio exclusivo para sus suscriptores—, el poeta Eduardo Mileo, autor de, entre otros títulos, Poemas del sin trabajoMuro con lagartos y el portentoso Extracción del agua de la niebla, dio una clase magistral por videoconferencia para hablar de la actualidad de la obra de Machado. Fue un encuentro interesantísimo en donde, además de leer varios poemas y analizarlos casi línea por línea con profundidad y refinamiento, dejó algunas maneras de interpretar toda la obra.

Estas son algunas de las ideas que Eduardo Mileo dijo en la charla —y que puede verse completa en el sitio de Experiencia Leamos—:

El contexto histórico. Machado nació en 1875, en la éoca en que se formaban los grandes conglomerados económicos que venían de la revolución industrial y empujaron los conflictos bélicos en Europa. Tenía 23 años cuando los últimos países americanos se independizaron de España y, mientras en América latina surgía la corriente modernista —que retomaba el simbolismo francés y cuyos exponentes eran Rubén Darío y Leopoldo Lugones—, en España se gestaba la “Generación del 98”, a la que pertenencen los dos Machados, Valle Inclán, Miguel de Unamuno y Pío Baroja, entre otros, y está enmarcada en la enorme decepción que producía la decadencia española.

Leonor Izquierdo. Machado, que nació en Sevilla y luego, por cuestiones laborales de su familia, tuvo una vida itinerante que lo llevó por Segovia, París, Madrid, se casó con Leonor Izquierdo, una mujer mucho más joven que él que murió de tuberculosis tres años después del casamiento. Una de las grandes pasiones de Machado fue la muerte de esa esposa, muy amada, a la que conoció en Soria y donde escribio uno de sus libros más conocidos, Cantos de Castilla. Es con ese libro con el que, de alguna manera, inaugura una nueva corriente de su poesía, que había empezado con los clichés del modernismo y el simbolismo, y que aquí se vuelve más seca, más dura, más árida: más consecuente con el paisaje castellano.Arthur Schopenhauer en 1859. Pintura de Angilbert Göbel.Arthur Schopenhauer en 1859. Pintura de Angilbert Göbel.

El tiempo de la poesía. Para mencionar algunos de los símbolos de la obra de Machado, Mileo comenzó leyendo el poema “Cenit”, que comienza “Me dijo el agua clara que reía, / bajo el sol, sobre el mármol de la fuente: / si te inquieta el enigma del presente / aprende el son de la salmodia mía”. Hay en la obra de Machado una utilización del agua, la fuente y el jardín como símbolos del tiempo: el agua corre en la fuente y en el río, la fuente es la fuente del tiempo, y el jardín es el presente. En este poema hay dos jardines: el alegre del oriente —por donde sale el sol, donde comienza la vida— y el melancólico de occidente —que anticipa la muerte—. Pero es el agua, cuyo “destino es reír”, la que asegura “la eterna risa del camino”. El poniente para unos es el naciente de los otros.

Schopenhauer. El sueño es otro de los leitmotiv de la poesía de Machado, con su doble función de descanso y fantasía: de sueño dormido y sueño despierto. En un poema que se llama “Parábola”, Machado cuenta la historia de un niño que sueña con un caballito de madera y que, cuando se despierta, tiene el puño apretado pero no tiene el caballito. Luego es joven y tiene una enamorada y le pregunta si es de verdad o si la está soñando. Y cuando es viejo piensa si el sueño y la realidad no son, de algún modo, la misma cosa. Esta idea sea relaciona con la filosofía de Arthur Schopenhauer y su libro El munco como voluntad y representación, del cual también Borges tomó propuestas que desarrolló en sus cuentos.

La vida es un camino. Todo hombre, dice Machado, en sus “Proverbios y cantares”, «tiene dos batallas que pelear: “en sueños lucha con Dios; / y despierto, con el mar”. La vida, entonces, es lucha. ¿Pero qué es ese mar con el que se lucha? Exactamente en el canto siguiente de los “Proverbios” dice los famosos versos con los que comenzábamos esta nota: “caminante, no hay camino” porque el camino se hace andando, la vida es el camino. El pasado sólo vuelve como un recuerdo, como nostalgia, pero es imposible volver al pasado y la vida son esas pisada que apenas se producen, se borran: “Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar”.

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