Leamos independientes

Paula Brecciaroli, de Editorial Conejos: “El e-book abrió fronteras para los editores independientes”

¿Qué significa ser un editor independiente? ¿Cómo es producir en red y en forma colaborativa-colectiva? La editora habló con Esteban Castromán en Experiencia Leamos sobre el oficio y los desafíos a los que hay que hacerles frente durante la pandemia.

Leamos independientes es un nuevo ciclo de Experiencia Leamos que propone un recorrido por las zonas de circulación y los/as protagonistas de la edición independiente: editores, autores, diseñadores, etc. Coordinado por Esteban Castromán –editor, autor y gestor cultural–, pionero desde su espacio Zona Futuro en la Feria del Libro de Buenos Aires, en donde se dio difusión y se “agitó” la escena independiente, el ciclo se propone mapear las voces de la edición independientes, entender su lugar en el mercado, analizar su evolución desde hace más diez años, en Argentina y en toda Latinoamérica. En definitiva, qué significa ser editor independiente, cómo es producir en red y en forma colaborativa-colectiva, entre los muchos y apasionantes interrogantes que instala este sector pujante de la industria.

Participó en el primer encuentro Paula Brecciaroli: escritora, psicóloga y co-editora en Editorial Conejos junto a Ariel Bermani y Bruno Sister. Paula es además autora de las novelas Otaku(Paisanita) y Brasil (Conejos), los libros de poesía Cuarenta gotas de azufre y La sinceridad de un golpe (Santos Locos), el libro de relatosPequeño Ensayo Ilustrado con ilustraciones de Pablo Rivas (BonnyClide Ediciones de Mentira) y el libro de ilustración Vaca Vaca (edición de autor), además de participar de numerosas antologías. También forma parte de La Coop Librería, especializada en publicaciones independientes latinoamericanas.

Los siguientes son fragmentos de la conversación:

Paula Brecciaroli, activa gestora del ecosistema de editoriales independientes.

Tener una editorial es tener un lugar de enunciación. Cuando uno publica determinado libro, autor, temática, se va armando una suerte de atmósfera que dice “Yo voy a buscar un libro de Conejos, de Mansalva, o Marciana”, hay una suerte de “ADN” curatorial de los sellos independientes.

–Al principio, quizá, no te resulta tan visible lo que estás haciendo con el catálogo. Elegís los libros que van a salir, te gustan por algún motivo. Pero luego todo empieza a tener su estilo, y de ahí no te podés escapar. Hay libros que me llegan, pero no tienen la “temperatura” de Conejos. No sigue la misma órbita del catálogo. Algo que les pasa a todas las editoriales. No respetar ese sistema es como ser infiel con lo que uno muestra a los lectores.

Partiendo de la eclosión de las independientes hace diez años, con ferias por toda la Argentina, el espacio en la Feria del Libro, ferias internacionales, la FED, acciones con libreros y de pronto, en 2020, esta interrupción de todo que trajo la pandemia. ¿Cómo reaccionaron? ¿Qué lugar ocupó la edición digital?

–La verdad es que se presentó un obstáculo inaudito. Y, efectivamente, para nuestra editorial y muchas otras hubo que pensar qué recursos había en existencia, y qué otros recursos podíamos apelar para seguir funcionando. Hay que decir que la gente en el encierro y aislamiento tuvo mucho deseo de leer. La comercialización digital se puso en marcha y aparece una oportunidad masiva para los e-books. Cambió mucho de lo que sucedía al comienzo. Surgió una búsqueda explosiva. Y para los editores, la oportunidad de trascender la materialidad que implica gastos, tiempos, logística, etcétera. Y la verdad que cuando uno publica un libro lo único que quiere es que alguien lea, más allá del formato: papel, e-book, audiolibro. Cuando publico lo único que quiero es que encuentre sus lectores. El e-book nos abrió un montón de fronteras, está cada vez más instalado. Antes era el segundo formato, ahora creo que empieza a estar a la par.

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