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Ariana Harwicz: el gesto político y literario de llevar a los personajes “degenerados” al extremo

La escritora participó en el ciclo Experiencia Leamos y habló de los dilemas que despertó su novela Degenerado, en donde recrea el pensamiento de un pedófilo femicida

Desde su primera novela, Matate, amor (Mar dulce, 2012), Ariana Harwicz llamó la atención de la crítica. Su último libro, Degenerado (Anagrama) recrea el pensamiento de un hombre acusado de violar y matar a una niña. ¿Es lícito dar voz a estos personajes? ¿Para qué? Y, ¿es sancionado?

En un nuevo encuentro de Experiencia Leamos, el ciclo que la plataforma Leamos.com organiza como beneficio exclusivo para sus suscritpres, la escritora traducida a quince idiomas y finalista de la BTBA 2020 (Premio al mejor libro traducido) habló sobre los límites de la escritura, si los hay, y cómo es poner el cuerpo en épocas de cancelación.

¿Cuál es la experiencia de Degenerado?

—Mis tres primeras novelas forman parte de una misma cosmovisión: la exploración de la maternidad, el deseo, los vínculos filiales, y la impostura y la postura dentro de estos vínculos. Llegado el momento, me di cuenta de que necesitaba hacer un gesto político –difícil de lograr pero con el que me siento muy conforme–; que era salir de esa literatura de la identificación. No quería que me preguntaran más, como con Matate Amor, si yo tenía hijos, si había tenido una depresión post-parto o si tenía problemas mentales. Quise salir de esa trampa intelectual de la literatura focalizada en la identificación primaria entre el personaje, el narrador y el autor. Así, me propuse apostar al extremo, escribir sobre algo con lo que de ninguna manera pudieran identificarme. Opté por un hombre, viejo, francés, que es un chivo expiatorio, un depravado, un pedocriminal. Hice el gesto literario-político de desapegarme y des-identificarme de los personajes para ir al extremo. Un accionar verdadero, pero también falso. Porque yo tengo tanto de ese degenerado como de la mujer de La débil mental. La novela juega también con la idea de quiénes somos los cancelados, quiénes son los chivos expiatorios en esta sociedad, cuáles son los peores criminales y cuáles son los criminales a los que les dejamos pasar los crímenes. En cierto modo, es mi novela más eminentemente política."Degenerado", de Ariana Harwicz (Ed. Anagrama)«Degenerado», de Ariana Harwicz (Ed. Anagrama)

¿Qué pasó con la novela en el mundo?

—La novela salió en Anagrama en 2019 e hizo un camino muy distinto al de las otras novelas. Creo que la marginalizaron de otras lenguas, es decir, las traducciones que tenía planteadas, con contratos firmados, se cayeron. Y no por alguna objeción a cómo la novela está escrita o por su calidad literaria; lo que se objeta es el punto de vista que adopta. Porque no adopta el punto de vista de la víctima, sino que es más bien una primera persona, lo cual, como sabemos, es muy fuerte en la literatura.

Además, al leer la novela, uno en cierto momento entiende el sufrimiento y los traumas del protagonista, construís un ser humano, no un monstruo…

—Exacto. En la novela no está en ningún momento la idea de volverlo un monstruo, ni de apelar a clichés o caricatulizarlo, trato siempre, con el tema que sea, de correrme de esa trampa de diabolizar al malo. Eso para mí es el anti-personaje. Empecé estudiando cine y teatro en una época de mayor libertad, donde se podía retratar un jerarca nazi o un empleado del stalinismo que va a la mañana, desayuna un café con leche con la mujer y los niños y cuando sale pega cincuenta tiros en una fosa común. Aprendí de un cine que retrataba a esos personajes con la valentía de acercarse lo suficiente, mostrando así todos sus matices. Es decir: ¿cómo una sociedad produce un hombre así, que se levanta, desayuna, acaricia al hijo, sale a pasear al perro y después se enfrenta a una fosa común y tirotea en la cabeza a mujeres y niños? Me interesaba esa aproximación. Quise acercarme lo suficiente para mostrar todas los matices de este pedocriminal, al que tampoco llamo así como personaje porque un escritor no trabaja en Tribunales, no es un jurista. ¡Si no hubiese sido abogada!

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