Leamos de la vida

Una guía para descubrir los pueblitos de Buenos Aires, de la mano de Leandro Vesco

Leandro Vesco es uno de los periodistas más destacados del diario La Nación. Fundador de Proyecto Pulpería, la ONG que trabaja en la recuperación de los pequeños pueblos, Vesco recorrió cientos de parajes y pulperías de la provincia de Buenos Aires y de toda la Argentina. Entre sus libros destacan Desconocida Buenos Aires. Historias de frontera  y Desconocida Buenos Aires. Secretos de una provincia. Y en el momento de realizar la entrevista concretaba su tercer libro de la serie: «Escapadas soñadas».

En una entrevista a cargo de Carolina Balbiani en el marco de Experiencia Leamos, el ciclo que la plataforma Leamos.com organiza como beneficio exclusivo para sus suscriptores, Vesco habló de los lugares menos conocidos del país y sus singularidades. “Los pequeños pueblos son una reserva de humanidad”, dijo. En sus viajes notó cómo los códigos y las señales propias de la sociedad de antaño parecen seguir en pie: “El respeto, las contraseñas universales como lo son el saludo, el ‘buenos días’, el ‘permiso’, el modo de vida más lento, las miradas, los abrazos y la charla, son muy distintos a la vida de la ciudad”.

Al regresar a Capital, especialmente durante esta última década y luego de visitar pueblos como Quiñihual (de tan solo un habitante), se encontró con miles de personas encapsuladas en un mundo digital, “con pocos sentimientos”, en una realidad fría y distante. Para él, en aquella vida rural de recetas caseras, almuerzos y cenas en familia, donde “los emprendimientos comerciales son familiares y los productos naturales”, todavía existe una pizca de genuinidad y de humanidad difícil de encontrar en otros sitios.infobae-image

Según el periodista, si existe un pedido que cruza todos los pueblos de todos los distritos de la provincia de Buenos Aires y del resto del país, es la frase: “Que vuelva el tren”. La interrupción del servicio determinó el golpe de gracia de cientos de parajes y pueblos: “El tren permitía no solo que la producción del pueblo viajara a la capital, sino también que la gente pudiera conectarse con la ciudad en pocas horas para pasear o hacer trámites”.

Fundamentalmente, esa interrupción del traslado de la producción fue lo que determinó la caída y la muerte de muchos de estos pueblos, lugares donde “todavía se sigue sintiendo su ausencia”. De todas formas, hoy en día, en algunos pueblos se da un fenómeno que describe como una verdadera “revolución silenciosa”. Se trata de la reconstrucción por parte de muchos pobladores de las estaciones, aquellas estructuras inquebrantables que sobrevivieron el paso de los años: “Las han vuelto comedores, restaurantes, museos, salas y centros culturales. Le han dado una nueva vida a los espacios”.

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